Carretera Austral km 1.240

Blog de www.villaohiggins.com

miércoles, junio 20, 2007

Neva sobre toda la cordillera patagónica

Desde esta mañana neva sobre Villa O'Higgins y toda la cordillera patagónica.
El viento frío y la nieve anuncian la llegada oficial del invierno para mañana a las 19:00 horas.
Durante los días anteriores la zona recibió bajas temperaturas con una mínima de -12ºC y máximas de sólo 0º en Villa O'Higgins lo que ha llevado a estufas y cocinas a leña a trabajar a plena capacidad. Tambien fuertes rachas de viento del NW de hasta 80 kms por hora han sacudido la zona sin tregua.
Las actividades en el pueblo se desarrollan normalmente y no se ha informado del cierre de caminos. aunque el uso de cadenas para automóviles es obligado.
El abastecimiento de alimentos es normal y solo se registra desabastecimiento de petróleo diesel en el único distribuidor de la Villa.
Lo único desagradable es un virus dando vueltas que nos tiene con gripe a gran parte de los habitantes del pueblo.

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lunes, junio 04, 2007

Villa O'Higgins, Tierra de huemules.

  • Ver huemules en su hábitat natural es un privilegio que pocos chilenos han tenido. Si antes circulaban libremente en la precordillera desde Rancagua hasta el Estrecho de Magallanes, hoy sus territorios se reducen a algunas reservas en la zona sur del país.
  • Una de ellas es la cuenca del río Mosco, en Villa O'Higgins. En esos parajes vírgenes, cubiertos de bosque nativo y casi aislados de contacto con el ser humano, todavía es posible ir tras los pasos del huemul.

¡Pucha, amaneció lloviendo!, exclaman varios por la mañana en Villa O'Higgins. Es que la posibilidad de caminar cinco horas bajo la lluvia y metidos en el barro para llegar al campamento base del río Mosco no es muy atractiva. Y para oscurecer más el panorama, se pone a granizar.
Así es el clima en la Región de Aysén, nunca se sabe qué va a pasar. De hecho, esta expedición ­compuesta por geógrafos, botánicos, ornitólogos, especialistas en huemules y gente del SAG, Codeff, Conaf y del Ministerio de Bienes Nacionales­ casi no llega a destino porque el puente Vagabundo, entre Cochrane y Puerto Yungay, fue destruido pocos días antes debido al mal tiempo.
Pero el equipo, que viajó hasta la zona para realizar estudios científicos en la cuenca del Mosco, en especial para recoger información acerca de una colonia de huemules, llegó sin novedades a Villa O'Higgins y está listo para comenzar la travesía final. Unas veinte personas ajustan sus mochilas y se abrigan, mientras Hans Silva, concejal del pueblo y encargado de la logística de la expedición, da las últimas indicaciones antes de iniciar el ascenso al campamento base.
La caravana comienza a subir por una escalera de madera que llega hasta un mirador. La vista de la Villa, el lago O'Higgins y las montañas circundantes es magnífica. "Cuando está despejado se ve hasta el Campo de Hielo Sur", dice Hans. Luego, el sendero se interna por el bosque y los paisajes se tornan cada vez más salvajes e impactantes. Dejó de llover, así que la marcha es mucho más expedita, y con los rayos del sol que se asoman, los colores de los árboles y el cielo se ven mucho más intensos.
El sendero no es fácil para alguien poco acostumbrado a las caminatas. Hay que saltar troncos, esquivar raíces, subir y bajar laderas e ir dispuesto a embarrarse hasta las rodillas, pero no hay para qué apurarse ni hacer demostraciones de destreza. Sólo hay que tomarlo con calma y mantener un ritmo constante, aunque sea lento. Así, uno puede ir parando para beber agua de un arroyo, quedarse mirando cómo un pájaro carpintero se las ingenia para cazar gusanos en la copa de un ñirre y tomar merecidos descansos sentado sobre algún tronco.
El río Mosco hace de límite con Argentina y desemboca en el también limítrofe lago O'Higgins. Su cuenca está prácticamente inexplorada y eso ha permitido la preservación de las especies nativas de la región de Aysén, particularmente del huemul, que por estos parajes circula casi sin restricciones. Pero aún no se sabe cuántos ejemplares hay, así que uno de los principales objetivos de la expedición es recoger información de este animal, basándose en avistamientos, huellas, fecas y cornamentas que se puedan encontrar.
La labor que cumplan los geógrafos también es relevante. El Mosco, que desciende de cuatro sistemas glaciares en proceso de retroceso, sufre de frecuentes crecidas, así que ellos, además de estudiar la formación del valle, evaluarán los riesgos que representa para la población.
Luego, con los resultados de la investigación, el ministerio de Bienes Nacionales, que administra estos terrenos fiscales, analizará las alternativas para explotar y seguir preservando este recurso. Una de las propuestas es crear un parque turístico, con énfasis en el avistamiento de huemules, que sea administrado por privados.
Las expectativas del grupo son altas, y cada uno va sacando sus cuentas a medida que avanza por el sendero. Jorge Tomasevic, el ornitólogo del grupo, se queda imitando los sonidos del hued-hued que se cruzó por el camino; Nicolás García, botánico, no deja de recoger muestras de plantas; y Alexander Brenning, geógrafo alemán, revisa atentamente la ladera del cerro.
"¡Cuidado! Pisaste una huella de huemul", advierte Soraya Corales, de Codeff. Uno, que anda preocupado de los troncos y las raíces, difícilmente se da cuenta de que el sendero hasta el refugio está lleno de pisadas y fecas del animal nacional. Según los expertos, son rastros frescos, así que las ilusiones de encontrarse con un huemul a boca de jarro son aún mayores.
"Entonces deben andar por aquí", afirma uno, convencido de que ver a este esquivo animal es como encontrarse con un perro en la calle. "No creo", replica Soraya, "porque en el verano suben a las partes altas de los cerros con sus crías. De hecho, es raro que anden ahora en esta zona, porque bajan durante el invierno". Habrá que esperar hasta el día siguiente para avistar huemules.
La llegada al refugio es una sorpresa, porque nadie esperaba encontrarse con una cabaña tan bien construida en medio de este paraje tan virgen. Parece la casa de Hansel y Gretel, protegida por un bosque de lengas, con un arroyo corriendo por el lado y con un buen fogón encendido para comenzar a desentumecer los pies después de cinco horas de marcha.
Pero más impresionante es la logística de la expedición. No alcanzamos ni a llegar cuando un grupo ya está armando las carpas donde vamos a dormir. Además, hay un cocinero que prepara un puchero para recomponer el cuerpo. Mientras, Hans instala una radio para comunicarse con Villa O'Higgins, y enciende un generador para tener luz por la noche en la cabaña y poder conectar los computadores de algunos de los expedicionarios. Y se agradece, porque la exhibición de las fotos tomadas durante el día es parte de la entretención nocturna.
Estamos de suerte, amaneció despejado y los distintos grupos se aprontan para comenzar con la investigación. Los geógrafos dirigen sus pasos a la continuación del sendero, que termina en el glaciar Mosco; el ornitólogo pasará largas horas observando cada pájaro; los del SAG se internarán en el bosque para ver qué otros mamíferos hay en la zona; y los de Codeff parten con camas y petacas al cerro Huemul. La idea es acampar allá y recoger la mayor cantidad de información que se pueda.
Hans Silva nos acompaña la primera parte del trayecto. Después de siete años viviendo en la región, conoce la cuenca del Mosco como la palma de su mano, y al parecer ha sufrido una especie de mutación a huemul, porque salta y se desplaza por el terreno escarpado con la naturalidad de uno de estos animales.
Los de Codeff no lo hacen nada de mal. Es cierto que no avanzan con la misma velocidad de Hans, pero lo hacen con resolución. Están acostumbrados a subir y bajar cerros en busca de huemules a lo largo de Chile, así que esto de esquivar troncos caídos y aferrarse de las ramas es pan de cada día.
Después de poco andar, el sendero desaparece, así que confiamos en la orientación del guía de Conaf, y nos vamos internando en un bosque cada vez más cerrado. Hay que tener cuidado de no meter el pie en las turberas (suelos muy húmedos cubiertos de vegetación tipo musgo), y los últimos metros de subida del cerro son tan escarpados, que ya no caminamos, sino que reptamos aferrados hasta de las raíces.
De repente el bosque se acaba y es reemplazado por una gran extensión de turberas. La nieve de la cumbre está mucho más cerca, y al fondo de la quebrada se siente el murmullo del río.
Lo único que esperamos ahora es ver huemules, y no pasa mucho rato antes de que llegue Cristián, uno de los guías, a decirnos que un poco más arriba hay una hembra. Partimos todos corriendo a ver el hallazgo. Ahí está el huemul observándonos, espiando cada uno de nuestros movimientos. Intentamos acercarnos, pero a cada paso que damos el animal se aleja, hasta que se pierde en los matorrales.
"Calculo que vamos a ver al menos dos grupos familiares en este cerro", advierte Soraya. Los huemules suelen vivir en grupos de cuatro a cinco, incluyendo macho, hembra y crías. Además, necesitan de los bosques para protegerse de la lluvia y el sol, así que la cuenca del Mosco, llena de lengas y coigües prácticamente intocados, es el hábitat ideal para ellos.
Al finalizar la jornada de investigaciones hay buenas noticias. El ornitólogo avistó diez especies de aves, entre ellas el carpintero negro; los representantes del SAG descubrieron huellas y fecas de puma, lo que significaría que este animal vive en armonía con los huemules; y llegaron las cosas que se quedaron en Villa O'Higgins el día anterior, así que el refugio, que ya contaba con un montón de comodidades, ahora parece una casa perfectamente decorada.
Lo único preocupante, además del desgaste de algunas rodillas poco acostumbradas al trekking, es el estado del sendero hasta el glaciar. Si bien siguen marcados los puntos de interés, la última crecida del río, una semana antes de la llegada de la expedición, se llevó gran parte de la huella. Y como más vale prevenir que lamentar, es altamente recomendable hacer el recorrido con un guía y equipo adecuado para escalar.
La última comunicación del día con el grupo de Codeff, que acampa en el cerro Huemul, es motivo de júbilo: avistaron dos parejas con crías, y gracias a la docilidad de este animal pudieron acercarse a dos metros de ellos. Calculan que hay unos 25 ejemplares en la cuenca del Mosco. Nos vamos felices a nuestras carpas, sin darnos cuenta de que comienza nuevamente a llover y que no cesará en toda la noche.
Las salidas que estaban previstas para la mañana siguiente se retardaron por la lluvia, así que nos reunimos todos a tomar desayuno. Nada que envidiarle a un buffet de hotel, porque hay yogur, cereales, jugo, fruta, y unos inmejorables huevos revueltos. Es que el campo abre el apetito, además que hay que acumular energía para caminar sobre el barrial en el que seguramente se ha transformado el sendero a Villa O'Higgins.
Ya aprendimos de la primera caminata, así que sólo nos protegemos de la lluvia, nada de ropa gruesa. Y vamos andando, esta vez con más cuidado, porque la senda está jabonosa y los pies se hunden en las pisadas de los caballos que han pasado como cinco veces por ahí.
El río Mosco y los arroyos afluentes vienen más caudalosos y cuesta más vadearlos. Pero a nadie parece preocuparle, porque después de tres horas de marcha bajo la lluvia, lo único que interesa es llegar pronto al pueblo para darse una ducha bien caliente antes de seguir camino a Cochrane.
Hay que apurarse porque la última barcaza a Puerto Yungay es a las cinco de la tarde y vamos con el tiempo demasiado justo. Sigue lloviendo y la niebla envuelve los cerros. "¡Paren, hay dos huemules!", grita uno en el auto. De golpe se nos olvida que vamos contra el tiempo y sólo atinamos a detenernos. Una hembra y su cría nos miran atentamente. No podíamos esperar una mejor despedida.

Nota: Reportaje del diario El Mercurio, Revista del Domingo en Viaje, aparecido el 13 de Abril 2003. Texto: M. Soledad Holley, Fotos: Juan Eduardo López.

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viernes, junio 01, 2007

Los Volcanes del lago O'Higgins

Expedición al Volcán LautaroSi hay algo que la Patagonia reserva con celo y misterio son sus volcanes.
Causas de emociones y tragedias, los volcanes nos recuerdan la inmensidad de la naturaleza y la fragilidad de la presencia del hombre en estas tierras. La última noticia de ellos la tuvimos con los sismos del Fiordo de Aysén que inicialmente algunos científicos adjudicaron al nacimiento de un volcán submarino...bueno, la causa en realidad era un poco más compleja al comprobarse un importante componente tectónico en el proceso que tiene varios meses sin dormir tranquila a las comunidades de Puerto Aysén y Puerto Chacabuco.

¿Y en Villa O'Higgins, qué?... Los misterios no son menores. A mí, por ejemplo, cuando me preguntan por el gran misterio de Villa O'Higgins lo primero que recuerdo son los volcanes del lago O'Higgins.

En nuestra latitud los científicos solo reconocen la existencia de un Volcán, el Lautaro que se localiza en medio de Campo de Hielo Sur, al poniente del lago O'Higgins.

El Volcán Lautaro, de 3.607 metros de altitud, por muchos años tuvo una ubicación equivocada y misteriosa lo que favoreció la confusión de su nombre. En 1878, navegantes norteamericanos le llamaron "Volcán Humboldt"; luego, en 1905 el geógrafo chileno Luis Risopatron le llamó "Pirámide" y; finalmente, en 1952 una expedición argentina a Campo de Hielo Sur, dirigida por Emiliano Huerta, le llamó Lautaro, en honor al héroe mapuche (1535-1557). Este último nombre es el aceptado actualmente.

El volcán tiene su última erupción registrada en 1959. Se considera activo y los depósitos de cenizas de erupciones pasadas son muy abundantes sobre los glaciares O'Higgins y Chico, además del paso de cuatro glaciares y glaciar Viedma. Glaciólogos que realizan investigaciones en Campo de Hielo Sur no descartan su influencia en el retroceso de los hielos en el último siglo.

Silvia Metzeltin y Gino Buscaini realizaron una interesante recopilación bibliográfica de los volcanes australes desde la cual he seleccionado los siguientes párrafos que informan acerca del volcan Lautaro:

"Las primeras observaciones concretas de erupciones de las cuales se tuvo noticias históricas provienen de los navegantes que recorrían los canales del Pacífico. En el año 1876, en el Canal Messier, Lord Thomas Brassey vio una nube de cenizas que salía de la cordillera, próxima a los 48º50' Sur. En el año 1878 oficiales de una nave norteamericana hicieron la misma observación: quisieron llamar "Humboldt" al desconocido volcán. En el año 1933, Federico Reichert, Arturo Donat, Juan Neumeyer e Ilse Von Rentzell habían alcanzado el Hielo Sur remontando el Glaciar O'Higgins desde el Brazo Sur del Lago San Martin-O'Higgins. En un desgarro de nubes, Reichert observó una montaña con forma de cono, de una altura aproximada de 3000 m, de la cual salían chorros de vapor. Químico y naturalista, Reichert estaba convencido de estar ante la presencia de un volcán, pero la noticia no fue difundida más allá de los círculos andinísticos".

"Lliboutry, examinando fotografías aéreas, creyó reconocer un cráter sobre un gran afloramiento rocoso en la alta cuenca del glaciar Viedma y lo denominó "Volcán Viedma", pensando haber resuelto el misterio de aquellas erupciones observadas no solamente por los navegantes sino también por los colonos de la región del lago San Martín. El Volcán Viedma fue entonces acogido en el registro de los volcanes del mundo sin que ninguno lo hubiera tocado. En el año 1959, con Jeoff Bratt y John Mercer, Eric Shipton decidió llegar al Volcán Viedma a través del valle del Rio Túnel y del Paso del Viento. Cuando llegó al afloramiento señalado descubrió que se trataba de rocas sedimentarias y metamórficas que dispuestas en forma de anfiteatro en una profunda depresión habían engañado a Lliboutry".

"Pero las piedras pómez desparramadas abundantemente en los alrededores indicaban la presencia de un volcán. Shipton organizó una segunda expedición en el verano de 1959-1960 con J. Ewer, P. Miles y P. Bruchhausen. Ewer, un británico que enseñaba en Santiago, observando las fotografias aéreas notó que sobre las imágenes de la cadena montañosa llamada por De Agostiní "Cordón Pío XI" se veían claramente huellas de actividad volcánica cerca de la cima más elevada. La posición correspondía a aquella del "cono volcánico" señalado por Reíchert y a la del Cerro Lautaro. Shipton no supo sin embargo que el 28 de diciembre de 1959 el comandante de un avión de línea en vuelo hacia Punta Arenas había descubierto maravillado un volcán en erupción a 490 Sur. Pero también él, que había llegado al Brazo Sur del Lago San Martin-O'Higgins, vio una gigantesca columna de vapores que se elevaba sobre las montañas. Después de una aproximación que duró una semana notó que la ladera de la montaña más alta del "Cordón Pío XI", el Cerro Lautaro, estaba marcada sobre su cumbre por una fisura negra de la cual salía un chorro constante de vapor. El día siguiente asistió a la erupción de cenizas que ennegrecieron una vasta extensión de glaciares. Posteriormente una serie de contratiempos, entre los cuales el no funcionamiento de todos los calentadores, lo obligaron a retornar".

"El primer ascenso al Volcán Lautaro lo hicieron en el año 1964 Pedro Skvarca y Luciano Pera quienes confirmaron las emisiones volcánicas. Durante el año 1973 llevó a cabo el segundo ascenso la expedición británica de Leo Dickinson que detectó cinco fisuras esculpidas en la cumbre que emanaban gas sulfuroso mientras el hielo que se encontraba bajo sus pies se convertía en fango caliente. Luego de dos días los mismos subieron una montaña situada a 10 millas más al Norte que para asombro de ellos emanaba también chorros de vapor y que bautizaron Cerro Mimosa. El nombre no se relaciona con la naturaleza volcánica del monte pero es el de la nave que llevó a la Patagonia a los colonos galeses. Nosotros mismos hemos observado, en el año 1995, vapores que salían de la cresta Sudoeste del Lautaro un poco por debajo de la cumbre. Andinistas franceses relatan lo mismo en 1998. El volcán no está apagado y no se puede desechar que se deban a él no solamente las piedras pómez dispersas sino también los inesperados avances de glaciar que se verificaron en el pasado. Fenómenos de "surge" por efecto de su calor podrían haber causado en varias ocasiones el avance anómalo del Glaciar Pío XI que provocó el anegamiento del valle del Río Greve que se encuentra hoy ocupado por un gran lago. Ya en el año 1925 un inesperado avance de este glaciar causó la precipitada fuga del colono que se había asentado en el Seno Eyre el año anterior".

Es muy interesante conocer los relatos de pobladores del lago O`Higgins y sus relaciones con los volcanes. Tanto ahora como en años pasados siguen siendo espectadores privilegiados de estos procesos en donde se amalgaman observaciones verídicas con asociaciones muchas veces confusas.

No hay duda que el Lautaro es el Volcán que todos los pobladores y científicos identifican, pero existirían otras montañas con supuesto comportamiento volcánico: el cerro Alesna y una desconocida cumbre situada al norte del Volcán Lautaro, en pleno Campo de Hielo Sur. Quizás esta observación sea el cerro denominado Mimosa por la expedición británica de 1973 y que alertó sobre la presencia de vapores en su cumbre, aunque el mapa de la zona elaborado por Buscaini sitúa el Mimosa junto al Volcán Lautaro y la cumbre sospechosa podría ser el cerro cota 2.408 m. denominado Ilse Von Rentzell por el propio Buscaini.

El poblador Adelicio Lagos asegura haber visto fumarolas en esa dirección. Desde su asentamiento Cerro Colorado en lago O'Higgins el Alesna y el cerro Cota 2.408 se encuentran en el mismo rumbo. Pobladores del brazo poniente descartan la presencia de fumarolas en el Alesna, por lo que este volcán correspondería al cerro Cota 2408. De ser efectivo estos relatos se trataría de un Volcán que no se encuentra en los registros vulcanológicos y bien valdría la pena un reconocimiento.

Otro posible "evento volcánico" denunciado por pobladores del lago O'Higgins es el de las grandes olas atribuibles a "erupciones bajo el lago". No existe ningún registro científico al respecto, sin embargo si están ampliamente documentados los oleajes asociados a grandes desprendimientos del glaciar O'Higgins y personalmente pienso que la explicación a estas grandes olas la encontramos ahí. Además, las grandes olas no son tan habituales como cuando el glaciar O'higgins estaba cerca de la isla chica, hace 50 años.

Son muchos y variados los relatos de luces, gases sulfurosos y ruidos subterraneos, pero son argumentos demasiado débiles para considerarlos como un efecto volcánico, sin embargo, la soledad, la falta de investigación y las tormentosas condiciones atmosféricas de la zona se conjugan para mantener vivo el misterio de los volcanes del lago O'Higgins.

"Aún cuando llegue el día en que la Patagonia no tenga ya ningún rincón inexplorado y todas sus montañas hayan sido conocidas y escaladas, sus volcanes seguirán ofreciendo un estimulo para las investigaciones y seguirán recordándole al hombre su propia fragilidad y pequeñez". Silvia Metzeltin y Gino Buscaini.



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